Un previsible relato de promesas incumplidas

El Sevilla 18-19 fue una constante concatenación de promesas incumplidas. La de Pablo Machín como entrenador. La de Joaquín Caparrós como director deportivo, primero, y luego, como entrenador. La de muchos fichajes que apuntaron alto y luego se quedaron en nada, desde Andre Silva a Gonalons o Roque Mesa. El proyecto de Caparrós y Machín no conoció la primavera. José Castro pinchó con los dos. El 14 de marzo, el Slavia de Praga tumbó todo el edificio. Al soriano se le cayó el equipo al final del invierno y aquella infausta prórroga en la capital checa en la que el Sevilla se puso 2-3 fue el puntillazo.

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