El recuerdo del último derbi sevillano en el Ramón Sánchez-Pizjuán sigue escociendo en el corazón de la afición de Nervión.
Aquella imagen de tensión en la grada de Gol Norte, provocada por las provocaciones del rival tras una acción defensiva, desembocó en un lanzamiento de objetos que, aunque no impactaron en nadie, puso al club en la diana de las instituciones deportivas.
El durísimo castigo inicial contra Gol Norte
Tras los incidentes de aquel encuentro, el Comité de Disciplina de la RFEF actuó con una mano de hierro sorprendente.
La propuesta inicial fue el cierre de la grada de Gol Norte por tres partidos, sumado a una sanción económica de 45.000 euros. Un castigo que el Sevilla FC tuvo que combatir ante el Comité de Apelación para lograr una suspensión cautelar.
Aquel día, el partido se detuvo unos minutos por la lluvia de botellas, pero es fundamental recordar que ningún objeto golpeó a jugadores, colegiados o personal presente en el césped.
Sin embargo, la justicia deportiva parece medir con diferentes varas según el escudo implicado.
El agravio comparativo con el caso Gazzaniga
La polémica ha estallado de nuevo tras lo ocurrido en el reciente duelo entre el Espanyol y el Girona.

En el estadio de Cornellá, se produjo un lanzamiento de objetos donde una botella de plástico impactó directamente en la cabeza del guardameta Gazzaniga.
A diferencia de lo vivido en Sevilla, la resolución ha sido calificada de «irrisoria» por el entorno nervionense:
- Sanción al Espanyol: Multa de apenas 3.000 euros.
- Medida disciplinaria: Un simple apercibimiento de cierre (aviso).
- Gravedad: Hubo impacto físico real en un profesional, a diferencia del derbi.
Indignación en el Sevilla por la falta de equidad
La comparación de ambos expedientes deja en evidencia una falta de criterio unificado en la RFEF.
Mientras que al Sevilla FC se le pidió un cierre parcial de su estadio por objetos que no tocaron a nadie, un impacto probado en la cabeza de un portero se salda con una multa económica menor.
Este trato diferencial alimenta la sensación de discriminación que denuncia el club y sus servicios jurídicos.
La afición sevillista clama ante lo que consideran una persecución injustificada, mientras hechos de mayor gravedad en otros estadios nacionales apenas reciben un tirón de orejas por parte de los comités.
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