El Sevilla FC se asoma a un abismo que su centenaria historia no merece. La parálisis institucional, alimentada por un proceso de venta que parece congelar cualquier decisión deportiva, ha llevado a la afición a un estado de hartazgo absoluto.
En Nervión, donde el lema «Dicen que nunca se rinde» es una religión, el sevillismo siente que sus dirigentes han bajado los brazos mientras el equipo se desangra rumbo a la Segunda División.
El plan del sevillismo para dejar vacío el Sánchez-Pizjuán
La indignación que quema las redes sociales ha cristalizado en una propuesta de protesta masiva para el próximo encuentro en casa. Miles de aficionados están coordinando una acción drástica para el choque contra el Athletic Club de Bilbao: no ocupar sus asientos durante toda la primera mitad del partido.
Esta movilización busca enviar un mensaje visual demoledor a la directiva y a los posibles compradores del club. Mientras el balón ruede en los primeros 45 minutos, el graderío presentará un aspecto desolador, con el público protestando en las puertas del Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán para señalar directamente a la planta noble.

Un precedente en un contexto mucho más dramático
No es la primera vez que la bombonera de Nervión vive un episodio similar, aunque las circunstancias actuales son infinitamente más graves. Se recuerda una acción parecida en la última jornada de hace dos temporadas ante el FC Barcelona, pero aquel día el equipo no se jugaba nada.
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Diferencia clave: En esta ocasión, la protesta ocurre en plena lucha por la permanencia.
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El plan de acción: Los grupos de aficionados proponen entrar en masa al inicio de la segunda parte.
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Objetivo dual: Señalar a la directiva primero y, acto seguido, dar un aliento incondicional al equipo para evitar el descenso.
La venta del club paraliza la planificación deportiva
La sombra de las negociaciones con fondos extranjeros han generado un vacío de poder que afecta directamente al césped. Según informaciones que circulan en el entorno de la plataforma de accionistas, la prioridad de los dirigentes actuales parece ser el beneficio económico de la venta antes que la supervivencia deportiva.
El riesgo es real: si se consuma la caída de categoría, las acciones del club perderían gran parte de su valor, una situación que los manifestantes califican como «jugar con fuego». La cita ante el Athletic Club no será solo un partido de fútbol, sino un plebiscito sobre el futuro de una institución que pide a gritos un cambio de rumbo inmediato para no desaparecer de la élite.
