El Sevilla FC se encuentra sumido en uno de los pasajes más dramáticos, convulsos e inciertos de toda su trayectoria institucional en Nervión.
El sevillismo exige de forma imperativa certezas absolutas en la planta noble del Ramón Sánchez-Pizjuán para evitar que la planificación deportiva de la entidad quede completamente a la deriva en un escenario de quiebra técnica.
El plantón de los máximos accionistas al cambio de condiciones del camero
La venta de la sociedad mercantil blanquirroja parece abocada de forma irremediable al fracaso. Las conversaciones para el traspaso de poderes han saltado por los aires después de que este miércoles el exdefensor internacional reformulara por completo la propuesta inicial para la adquisición de los títulos.
Este drástico movimiento no ha sentado nada bien en el seno del consejo de administración, donde a esta hora dan por rotas las negociaciones de manera virtual.
La realidad jurídica e institucional sitúa a la entidad ante un abismo temporal inminente:
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Plazo límite de exclusividad: Solo quedan dos días para llegar al final del periodo de exclusividad legal firmado entre las partes.
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Giro radical necesario: Únicamente un volantazo imprevisto de última hora de aquí al fin de semana podría salvar la operación mercantil.
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Falta de comunicación: Los actuales dirigentes no se consideran ni siquiera en la obligación legal de comunicar una ruptura oficial, al entender que ha sido el propio jugador el que se ha salido de las directrices.
Las pretensiones de las familias sevillistas, alejadas de la realidad del mercado
El gran problema de fondo que condiciona el futuro de Nervión radica en las elevadas pretensiones de los actuales rectores blanquirrojos.
Las dos primeras tentativas de compra, realizadas en su día por dos fondos de inversión americanos, engolosinaron a los grandes accionistas al hacerles creer que sus respectivas participaciones individuales valían 3.500 euros por acción.
Sin embargo, por diversos motivos de índole mercantil, ambos grupos estadounidenses ni siquiera llegaron a plantear formalmente sus ofertas definitivas y se marcharon corriendo.
A día de hoy, los datos del mercado corporativo evidencian una desconexión total con la situación financiera de la entidad:
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La oferta de Lappí y Quintero: Que se sepa de forma oficial, solo existe otra propuesta sobre la mesa de negociación, presentada de forma conjunta por Antonio Lappí y Fede Quintero.
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Valoración real: Esta alternativa de cuño local ofrecía una cuantía de 2.400 euros por acción menos la deuda neta acumulada.
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Pretensiones inviables: Este escenario financiero demuestra que las exigencias económicas de las grandes familias del club se encuentran completamente alejadas de la cruda realidad de una sociedad mercantil que se debate en la quiebra técnica.
Los 380 millones avalados por el Banco Santander y el reparto de la discordia
Frente a los 450 millones de euros menos la deuda neta pactados originalmente en la carta de intenciones, la oferta actual de Sergio Ramos rebaja sustancialmente el dinero líquido que percibirían los vendedores.
De los casi 280 millones de euros que las grandes familias iban a ingresar de inicio por el 86% de las acciones, pasarían a recibir únicamente 120 millones de euros.
Esta drástica reducción responde a que la ampliación de capital propuesta por el futbolista serviría para otorgarle a él mismo el poder total, dejando a los actuales propietarios en una situación de absoluta minoría.
La nueva propuesta económica que defiende el entorno del central de Camas se desglosa en una cuantía total de 380 millones de euros avalados formalmente por el Banco Santander, distribuidos bajo los siguientes parámetros sectoriales:
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Saneamiento de deuda: Un bloque de 140 millones de euros destinado de forma exclusiva a paliar la ruina económica y los múltiples mega préstamos en los que han metido al club.
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Ampliación institucional: Un montante de 120 millones de euros para ejecutar una ampliación de capital que permita arrancar un proyecto deportivo medianamente serio.
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Pago a propietarios: Una partida de 120 millones de euros para los accionistas a cambio de adquirir únicamente el 18% de sus acciones actuales.
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Promesa a medio plazo: La inclusión de un compromiso firmado por contrato para adquirir más títulos de forma diferida en el futuro.
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