El Sevilla FC vive días de absoluta incertidumbre tras el cierre de un mercado invernal que ha dejado la defensa bajo mínimos. El nombre de Sergio Ramos vuelve a emerger como una figura divisoria.
El camero, forjado en la carretera de Utrera, representa para muchos la jerarquía necesaria para frenar la deriva actual, mientras otros no olvidan las cicatrices de su pasado.
Los tres grandes muros que bloquean el fichaje del camero
A pesar de que el central se encuentra sin equipo tras finalizar su contrato con Rayados en diciembre de 2025, su aterrizaje en el Sánchez-Pizjuán no es tan sencillo como parece. Aunque existe una ficha libre tras la baja de Marcao, la entidad se enfrenta a tres dilemas que paralizan la operación en la planta noble:
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Fair play financiero: Pese a ofrecerse a cobrar el sueldo mínimo, LaLiga podría imputar un valor de mercado superior al salario real, asfixiando un límite salarial ya de por sí sobrepasado.
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La Ley «Anti-Piqué»: Existen serias dudas legales sobre si su interés en adquirir la propiedad del club choca con la normativa de la RFEF que impide a jugadores en activo tener vínculos empresariales con las entidades.
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Fractura social: Las tensiones residuales por su abrupta marcha en su segunda etapa aún generan recelo en un sector del Consejo de Administración.

El ofrecimiento de Sergio Ramos y la postura de la directiva
Según ha podido confirmar VamosMiSevillaFC.com, el defensa de Camas ha transmitido directamente su deseo de colgar las botas defendiendo el escudo sevillista. Su disposición es tal que aceptaría las condiciones económicas más bajas permitidas por el convenio.
Sin embargo, la directiva y la dirección deportiva priorizan, al menos a corto plazo, otras soluciones defensivas a corto plazo.
Claves de una operación que divide al sevillismo
El cronómetro corre y, como agente libre, el fichaje podría producirse en cualquier momento, pero los riesgos son elevados.
La decisión final está en manos del presidente, quien debe equilibrar la necesidad deportiva urgente de Matías Almeyda con la viabilidad jurídica y económica que exige LaLiga. Lo que está claro es que el «culebrón Ramos» aún tiene capítulos por escribir en este convulso inicio de 2026 y no sólo en los despachos.
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